¿Frío o calor?

¿Me aplico frio o calor?

Esta pregunta me la hacen los pacientes con mucha frecuencia.

Para responderla es necesario conocer cómo actúa este cambio de temperatura sobre el organismo:

El frío disminuye el calibre de los vasos sanguíneos (vasoconstricción) y disminuye la sensibilidad al dolor. Por ello, está indicado en casos de inflamaciones AGUDAS (traumatismos, contusiones, esquinces, mordeduras). Ayuda a disminuir la hinchazón y alivia el dolor. También es útil para bajar la fiebre y en golpes de calor. Cuando se utiliza hielo o productos congelados (típico: bolsa de guisantes) para bajar la inflamación, no se deben de aplicar directamente sobre la piel, sino con una tela interpuesta.

El calor aumenta el calibre de los vasos sanguíneos (vasodilatación) y mejora las contracturas musculares (decontracturante). Por ello, es especialmente útil para quitar contracturas musculares (el clásico esguince cervical) y como tratamiento para lesiones articulares CRÓNICAS, especialmente degenerativas (artrosis). El calor no sólo dilata los vasos sanguíneos, sino también otros conductos, como los uréteres, por lo que es útil para el tratamiento de dolores cólicos (cólicos de riñón, cólicos biliares).

Cuando el calor se aplica globalmente a todo el cuerpo, al aumentar el calibre de los vasos, disminuye la tensión arterial. Esto hay que tenerlo en cuenta especialmente en saunas y baños turcos, porque puede causar mareos.

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